Sobre esta Exhibición
Una aguja no pica a otra aguja.
refrán mexicano
En los ejemplos arqueológicos es difícil diferenciar los bordados de los brocados –es decir, adornos sobrepuestos a una tela ya tejida de aquellos incorporados en el mismo proceso de tejido, con tramas suplementarias–, pero es evidente que hubo un intercambio constante entre ambas técnicas después de que los españoles introdujeron agujas metálicas de diversos calibres junto con las tijeras y la chaquira (cuentas pequeñas de vidrio), así como la randa, el deshilado y otras formas de adornar una tela. Las labores de aguja ganaron terreno en el siglo XIX, conforme se popularizó la manta trigueña producida en telares mecánicos, que pronto fueron electrificados, al mismo tiempo que los arrieros llevaban hasta los rincones más lejanos los hilos de algodón torcidos por máquinas, teñidos con añil y con alizarina natural (tinte rojo obtenido de la planta llamada rubia, cultivada en Asia y Europa), después sintética. El México independiente vio florecer los dechados bordados, que según se creía representaban el trabajo de jóvenes criollas educadas por monjas, pero que también fueron labrados por mujeres indígenas. Hoy las labores de aguja se practican junto con el tejido en telar de cintura en varias regiones del país, a menudo combinadas ambas artes en la misma prenda.
refrán mexicano
En los ejemplos arqueológicos es difícil diferenciar los bordados de los brocados –es decir, adornos sobrepuestos a una tela ya tejida de aquellos incorporados en el mismo proceso de tejido, con tramas suplementarias–, pero es evidente que hubo un intercambio constante entre ambas técnicas después de que los españoles introdujeron agujas metálicas de diversos calibres junto con las tijeras y la chaquira (cuentas pequeñas de vidrio), así como la randa, el deshilado y otras formas de adornar una tela. Las labores de aguja ganaron terreno en el siglo XIX, conforme se popularizó la manta trigueña producida en telares mecánicos, que pronto fueron electrificados, al mismo tiempo que los arrieros llevaban hasta los rincones más lejanos los hilos de algodón torcidos por máquinas, teñidos con añil y con alizarina natural (tinte rojo obtenido de la planta llamada rubia, cultivada en Asia y Europa), después sintética. El México independiente vio florecer los dechados bordados, que según se creía representaban el trabajo de jóvenes criollas educadas por monjas, pero que también fueron labrados por mujeres indígenas. Hoy las labores de aguja se practican junto con el tejido en telar de cintura en varias regiones del país, a menudo combinadas ambas artes en la misma prenda.