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Exhibición Permanente

La herencia de Ixcuina: fibras textiles mexicanas

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Sobre esta Exhibición

La mayoría de las especies de maguey (o agave) son nativas de nuestro país y muchas son endémicas, es decir, que no crecen de forma silvestre fuera de México. Esto nos indica que vivimos en la región de origen de este grupo de plantas. Algunas de ellas, como el maguey manso o pulquero, se cultivan desde la antigüedad para dar alimento y bebida, y también como fuente de fibras. Extraído de sus pencas, el ixtle (del náhuatl īchtli) se comenzó a usar para torcer cordones y tejer redes, y para fabricar ropa y sandalias, miles de años antes de que se cultivara el algodón. El ixtle y otras fibras de agave, como el henequén y el zapupe, siguen sirviendo para crear hermosos morrales, mecapales y hamacas en diversas zonas del país.

México es también el origen de la planta Gossypium hirsutum, de la familia de la malva y la jamaica. Esta especie aporta hoy más del 90% del algodón producido en todo el mundo, por la resiliencia del arbusto y la calidad de su fibra, superiores a otras especies de Gossypium originarias de otras regiones. Crece silvestre en las dunas costeras del sur del país, donde la gente comenzó a sembrarla hace más de cuatro mil años. Los pueblos originarios seleccionaron variedades con fibra de color blanco y café claro (llamado coyuchi, del náhuatl coyōichcatl: ‘algodón coyote’), usadas en diversas comunidades. Algunos huipiles y quesquémeles mexicanos, prendas como las que vestía Ixcuina (deidad con copos de algodón sobre la cabeza), destacan entre los tejidos más finos del mundo.

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