Sobre esta Exhibición
Cultivar la milpa, contar las cosas por veintenas y regirse por el calendario sagrado de 260 días (tōnalpōhualli en náhuatl) –con base en observaciones astronómicas– son rasgos culturales que han compartido los pueblos originarios desde Sinaloa y Tamaulipas hasta Nicaragua y Costa Rica. El telar, por ser el implemento más complejo en la vida cotidiana, nos permite acercarnos a su pensamiento cuantitativo, especialmente de las mujeres. La mayoría de las lenguas mexicanas usan la numeración vigesimal, que vemos reflejada en los tejidos. Por economía mental, tiene sentido recurrir a una cifra canónica cuando hay que multiplicar y dividir el número de hilos una y otra vez.
Encontramos, en efecto, que la veintena funciona como unidad básica en los casos donde la decoración de un lienzo se construye a partir de cuentas repetitivas, sobre todo cuando hay que reunir muchos hilos en la fase inicial, para después dividirlos por grupos iguales. Los teñidos de reserva son un buen ejemplo, que podemos admirar en quesquémeles, rebozos y ceñidores del centro de México. En el sur del país, por otra parte, algunos huipiles evocan los nombres de las veintenas y su posición ordinal en el tōnalpōhualli: las tejedoras mayores recuerdan que tres diseños bordados se relacionan con figuras calendáricas y números específicos del uno al veinte. Los textiles nos revelan vínculos entre el pensamiento matemático, la percepción del cosmos y el arte de los pueblos indígenas.
Encontramos, en efecto, que la veintena funciona como unidad básica en los casos donde la decoración de un lienzo se construye a partir de cuentas repetitivas, sobre todo cuando hay que reunir muchos hilos en la fase inicial, para después dividirlos por grupos iguales. Los teñidos de reserva son un buen ejemplo, que podemos admirar en quesquémeles, rebozos y ceñidores del centro de México. En el sur del país, por otra parte, algunos huipiles evocan los nombres de las veintenas y su posición ordinal en el tōnalpōhualli: las tejedoras mayores recuerdan que tres diseños bordados se relacionan con figuras calendáricas y números específicos del uno al veinte. Los textiles nos revelan vínculos entre el pensamiento matemático, la percepción del cosmos y el arte de los pueblos indígenas.